El salario mínimo retrocedió a niveles de la crisis de 2002 y quedó un 12% por debajo de la década del ’90
El impacto de la política macroeconómica sobre los ingresos de los sectores más vulnerables volvió a quedar expuesto en cifras oficiales. Un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA) advirtió que el poder adquisitivo del Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) sufrió un violento retroceso histórico que borró más de dos décadas de evolución paritaria, asimilando la situación actual al escenario posterior al colapso de la convertibilidad.
Según el documento, publicado luego de que el Gobierno cierre unilateralmente la discusión, la licuación acelerada de los ingresos arrojó como resultado un deterioro sin precedentes modernos. En términos reales, el salario mínimo vigente se encuentra en niveles equivalentes a los registrados en abril de 2002, uno de los períodos de mayor desintegración del poder de compra en la historia del país.
La comparación del poder de compra actual con las series históricas permite dimensionar la profundidad de la crisis de ingresos. El análisis de CEPA señala que “el nivel vigente del salario mínimo se encuentra 12,3% por debajo del promedio registrado durante la década de 1990, ubicándose en términos reales en un nivel similar al de abril de 2002”, lo cual motivó un fuerte rechazo de parte de los gremios.
Asimismo, el informe detalla que el poder adquisitivo actual se encuentra sumamente cerca del sótano absoluto de la serie estadística, medido tras el estallido social. Al respecto, el reporte precisa que “el SMVM vigente se encuentra apenas $73.702 por encima del mínimo histórico de la serie, registrado en abril de 2003 en $310.098, es decir, apenas 23,8% por encima de ese piso”.
La brecha es todavía más drástica si se la contrasta con las épocas de mayor recuperación de la capacidad de consumo. Para volver a alcanzar el máximo histórico de septiembre de 2011, que a valores actuales representaría un ingreso de $1.158.888, el salario mínimo tendría que incrementarse un 201,4%. La realidad muestra que el haber actual se ubica un “66,9% por debajo de aquel pico”.
La pérdida real acumulada bajo la gestión de Javier Milei
El desplome de la capacidad de compra se intensificó de manera drástica en los últimos tres años. El informe revela que el salario mínimo experimentó una caída casi ininterrumpida desde finales de 2023.
“En términos reales, el SMVM perdió 40,8% de su poder adquisitivo durante el Gobierno de Javier Milei, entre noviembre de 2023 y septiembre de 2026″. La velocidad de este proceso de deterioro hace que, para recuperar simplemente el promedio de lo que se registraba durante el año 2023, sea necesaria una recomposición de “un aumento de 70,7%, a valores de septiembre de 2026”, lo que equivaldría a sumar $271.315 reales al valor actual.
La caída real del salario mínimo no obedece a una dinámica exclusiva del mercado, sino que responde a la intervención directa del Estado nacional en el Consejo del Salario. El informe de CEPA documenta un patrón de decisiones oficiales que desoyeron de manera sistemática los reclamos del sector trabajador.
De hecho, “desde que asumió Javier Milei, la Secretaría de Trabajo ha laudado sistemáticamente el SMVM en los niveles reclamados por las organizaciones patronales, desconociendo los planteos de recomposición” presentados por los sindicatos. Esta situación se repitió en las instancias de junio y diciembre de 2024, abril y noviembre de 2025, y finalmente en la última determinación del 2 de septiembre de 2026.
En esta última paritaria, mientras los gremios pedían llevar el mínimo a $993.000 para diciembre tomando como base la Canasta Básica Total del INDEC, el Gobierno laudó en línea con la propuesta de las cámaras patronales, convalidando aumentos mínimos de entre el 1,7% y el 1,9% mensual que llevarán el salario a un techo de apenas $436.982 recién en abril de 2027.
Un desacople violento frente a las tarifas de servicios
La vulnerabilidad de los trabajadores que perciben el mínimo o se encuentran en la informalidad se agrava al contrastar los ingresos frente a los incrementos decretados en los servicios públicos, el transporte y los combustibles esenciales.
“Mientras el SMVM aumentó apenas 158%, las tarifas de transporte y energía registraron incrementos sustancialmente mayores”. La disparidad es abismal: bajo la órbita de las políticas del Ministerio de Economía que conduce el BCRA en su proyección de inflación, el boleto de subte aumentó un 2.005%, el colectivo un 1.510%, el pasaje de tren un 1.090%, las facturas de electricidad y gas un 856%, y la nafta súper un 631%.
Esta licuación no es menor ni meramente estadística. El informe concluye recordando que el salario mínimo en la Argentina “no tiene un carácter meramente testimonial”, sino que impacta directamente sobre la economía informal de las familias y “constituye una referencia para distintos conceptos y prestaciones, entre ellos el cálculo de la cuota alimentaria en los casos de trabajadores sin empleo registrado”.

